Cuando el frío invernal envuelve las calles de Roma, los rigatoni con la pajata calientan las mesas de las familias, llevando consigo el intenso aroma de las tradiciones culinarias laziales. Este plato, que hunde sus raíces en la cocina popular, se distingue por el uso de la pajata, es decir, el intestino del ternero, que es hábilmente pelado y cocido hasta volverse tierno y rico en sabor. La técnica de cocción, que prevé una lenta braseada, permite que los aromas se amalgamen perfectamente, creando un condimento denso y envolvente que se combina magníficamente con la pasta. La combinación de ajo, cebollas y panceta enriquece aún más el plato, mientras que los tomates y el vino blanco aportan frescura y acidez. Servidos calientes, estos rigatoni son perfectos para una cena entre amigos o para un almuerzo dominical, acompañados de un buen pan casero para recoger cada gota de salsa. La pajata, a menudo considerada un ingrediente de aprovechamiento, representa un profundo vínculo con la cultura gastronómica de Roma, donde cada plato cuenta una historia de pasión y creatividad.
* valores aproximados por porción
La pajata debe, ante todo, ser despojada completamente de la envoltura de piel que la rodea. La operación de pelado se realiza haciendo una incisión con un cuchillo en uno de los extremos del intestino, separando un poco de piel del intestino carnoso subyacente, y cuando se ha tirado hacia abajo suficiente piel como para poder agarrarla con los dedos, se voltea como un guante, tirando hacia abajo hasta el completo pelado, que se realiza con facilidad. Después de pelarla, se corta la "pajata" en trozos de aproximadamente 20 cm de longitud. Luego se pliega en forma de anillo cada trozo, fijando los dos extremos con un hilo blanco de cocina. Este apretado atado evita que la parte carnosa contenida en el intestino se disperse durante la cocción. Los anillos parecerán bastante anchos, pero hay que tener en cuenta que se reducirán significativamente durante la cocción. En una cacerola pesada, poner tres cucharadas de aceite de oliva y un sofrito de aproximadamente 50 gr de panceta, calentando todo a fuego alto; luego añadir los trozos de pajata, revolviéndolos continuamente con una cuchara de madera, hasta que estén bien dorados. Unos momentos antes de completar el dorado, añadir una cebolla picada, un diente de ajo, sal, pimienta, tres clavos de olor y medio vaso de vino blanco seco. Siempre a fuego vivo, dejar evaporar el vino, teniendo cuidado de que la pajata no forme costra. Apenas el vino se haya evaporado, verter en la cacerola los tomates pelados escurridos de su jugo, bajar el fuego, cubrir la cacerola y dejar cocinar suavemente. Después de aproximadamente media hora, añadir una cucharada de pasta de tomate concentrada y dejar cocinar. Cocinar durante más de dos horas. La salsa debe resultar densa y sabrosa. Condimentar los rigatoni, cocidos aparte y escurridos al dente, con la mitad de la salsa y queso pecorino rallado. Servir en platos bien calientes (el plato al enfriarse pierde parte del sabor) colocando al menos dos anillos de pajata por persona y más salsa.
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