Uno de los ingredientes más apreciados en la cocina italiana para dar un sabor más marcado y decisivo a los platos es sin duda la guindilla: prácticamente cultivable en gran parte del territorio nacional, esta planta alcanza una media de 100 cm de altura. Su origen, sin embargo, se encuentra en Centroamérica y, en particular, en México, donde ya se cultivaba en el año 9000 a.C., con el clásico -y mundialmente conocido- nombre de Chile. Parece que originalmente el chile se saboreaba junto con el cacao: esta combinación, además, sigue siendo válida incluso hoy en día. La llegada de la guindilla a Europa se la debemos a Cristóbal Colón.