Con la llegada de la primavera, cuando la naturaleza despierta y los prados se tiñen de verde, es tiempo de redescubrir platos típicos como las ranas fritas, un verdadero tesoro de la tradición lombarda. Estas deliciosas patas de rana, que se pueden adquirir ya listas, se enharinan y se fríen en abundante aceite, un método que permite resaltar su delicadeza y su sabor único. La elección del aceite de oliva virgen extra es fundamental, ya que confiere una nota afrutada y ligera, perfecta para equilibrar la crocancia del rebozado. Servidas bien calientes y degustadas con las manos, las ranas fritas son ideales para un almuerzo informal entre amigos o para una cena en familia, acompañadas de una fresca ensalada o de un guarnición de verduras de temporada. En Lombardía, este plato a menudo se asocia con momentos de convivialidad y recuerdos de almuerzos al aire libre, donde el aroma del frito se mezcla con el aire primaveral, creando una atmósfera de fiesta y sencillez.
* valores aproximados por porción
Aunque en Milán se solía hacer el frito con aceite de linaza en el campo o con mantequilla en la ciudad, Mila Contini advierte que de las ranas solo se fríen los muslos, que se pueden comprar ya listos. Basta enharinarlas y freírlas en abundante aceite. Se espolvorean con sal después de la cocción, cuando escurren sobre un papel absorbente. Se sirven bien calientes y se comen con las manos.
Comprar las ranas ya peladas, limpiarlas y lavarlas en agua fría corriente. Secarlas y enharinarlas. Llevar el aceite a alta temperatura y luego freír todas las ranas juntas, hasta que estén crujientes. Dejar escurrir sobre papel de estraza o absorbente de cocina. Salar al gusto y servir calientes en la mesa, acompañadas de rodajas de polenta recién cocinada.
Una interesante variante son las "ranas en camisa" (ranas en camisa).