En Calabria, donde el aroma del pan fresco se mezcla con el de las patatas recién cocidas, los cullurielli emergen como dulces símbolo de una tradición arraigada y fascinante. Estos bastones dorados, preparados con una masa de harina “00”, levadura de cerveza y patatas, se caracterizan por su consistencia suave y su sabor delicado, perfectos para acompañar momentos de fiesta y convivencia. Su preparación comienza con la cocción de las patatas, que, al ser aplastadas y unidas a la masa, confieren una ligereza única y una dulzura natural, haciendo de cada bocado una experiencia envolvente. Tradicionalmente, los cullurielli se sirven durante las festividades, pero su versatilidad los hace adecuados también para un dulce despertar o para una merienda de tarde. En algunas variantes locales, se puede encontrar la adición de azúcar glas, que no solo enriquece el sabor, sino que también ofrece un contraste visual fascinante con la crujiente superficie dorada. Estos dulces son perfectos para compartir en familia durante las celebraciones, pero también pueden ser una excelente elección para una merienda entre amigos, acompañados de una taza de café o un buen té. Su preparación, que requiere atención y cuidado, es una invitación a redescubrir los ritmos lentos de la cocina casera, donde cada gesto está cargado de significado y cada ingrediente es elegido con amor. Con los cullurielli, Calabria se presenta en toda su autenticidad, lista para deleitar los paladares de quienes tengan la fortuna de saborearlos.
* valores aproximados por porción
Hervir las patatas, pelarlas, pasarlas por el prensador de patatas y unirles la levadura de cerveza disuelta en medio vaso de agua tibia. Amasar hasta obtener una masa muy suave, luego añadir la harina, un poco más de agua tibia y una pizca de sal. Trabajar la masa cuidadosamente y moldear bastones de poco más de un centímetro de diámetro y de unos treinta centímetros de longitud. Unir los extremos de cada bastón formando un anillo. Dejar levar, cubiertas con un paño, las rosquillas durante un par de horas, luego freírlas en abundante aceite caliente hasta que estén bien infladas y hayan duplicado su volumen. Escurrir los cullurielli dorados y crujientes espolvoreándolos con azúcar glas.