Entre los ingredientes protagonistas de la mesa mediterránea, la pasta de tomate es sin duda un ejemplo de conservación de esta importante verdura también para la estación fría: se obtiene de la salsa de tomates hervidos después de haberlos privado de semillas y pieles y luego expuestos a secar al sol. Luego, la pasta de tomate se colocaba en recipientes herméticos, cubriéndola con una capa de aceite de oliva virgen extra, lo que favorecía su conservación a largo plazo. Además, la pasta de tomate encuentra aplicación en muchas recetas de cocina, desde primeros platos de pasta, segundos platos de carne y pescado, hasta focaccias.