El aceite de semilla de girasol, aunque como muchos otros aceites de semillas no goza de una reputación muy positiva, sigue siendo saludable para el cuerpo humano: en particular, este aceite es rico en ácidos grasos insaturados, de los cuales el que destaca sobre los demás es Ácido linoleico, que tiene un papel activo en la protección contra los riesgos derivados del colesterol. Sin embargo, con un uso demasiado frecuente y abundante, el aceite de semilla de girasol (debido al ácido linoleico antes mencionado) podría tener efectos negativos sobre el hígado. En la cocina hay que tener mucho cuidado cuando se utiliza fuera del aderezo frío de verduras y ensaladas: para freír, por ejemplo, no es especialmente adecuado debido a su poco excelente resistencia a las altas temperaturas.