La preparación de las seadas es un rito que se tiñe de dulzura y tradición, perfecta para celebrar los momentos especiales de la vida en Cerdeña. Estos deliciosos dulces, con su fina y crujiente masa, encierran un relleno goloso de queso fiore sardo, enriquecido con el aroma de los cítricos, en particular naranjas y limones, que aportan frescura y un inconfundible perfume. La técnica de cocción, que prevé la fritura en aceite de oliva virgen extra, realza la crocancia de la masa, mientras el calor envuelve el relleno transformándolo en una verdadera delicia para el paladar. Las seadas son un símbolo de la cocina sarda y se preparan a menudo en ocasiones festivas o durante las comidas familiares, cuando se reúnen alrededor de una mesa bien servida para saborear las delicias de la tradición. Aunque la receta puede variar ligeramente de un pueblo a otro de la isla, con algunas variantes que incluyen la adición de miel o azúcar glas, la sustancia sigue siendo la misma: un dulce que encierra la esencia de Cerdeña, hecha de ingredientes simples pero ricos en sabor. En otoño, cuando los cítricos están en su máximo frescura, las seadas se convierten en una verdadera atracción, perfectas para servir como postre después de una comida abundante o como dulce para compartir en una tarde festiva. Su consistencia, que pasa de crujiente a suave, y el contraste entre el intenso sabor del queso y la dulzura de los cítricos, las convierten en una experiencia culinaria única, capaz de conquistar incluso los paladares más exigentes.
* valores aproximados por porción
Poner en un bol el queso rallado, añadir las cáscaras de los cítricos ralladas, el "fil'e ferru" y amasar hasta obtener una mezcla suave. Preparar la harina sobre la mesa de trabajo e iniciar el amasado con agua caliente, añadiendo poco a poco el manteca. Cuando la masa sea muy elástica, estirar una fina lámina de la cual se obtendrán discos de aproximadamente 12 cm de diámetro. En la mitad de ellos poner una cucharada de la mezcla, cubrir con la otra mitad, presionar bien para que no quede aire en el interior y terminar con la rueda cortadora. Sumergir los discos en abundante aceite hirviendo, freírlos, escurrir bien, cubrirlos con miel calentada y espolvorearlos con azúcar glas. Servir caliente.