Cuando se habla de polenta e osei, se evoca un plato impregnado de tradición veneciana, donde cada ingrediente cuenta una conexión profunda con el territorio. La polenta, caliente y envolvente, se combina a la perfección con los pajaritos, que hoy no pueden ser aquellos de pico gentil, pero que aún conservan una historia de sabores auténticos. La preparación requiere atención y cuidado: limpiar y envolver los pajaritos con panceta y salvia no es solo una cuestión de técnica, sino de respeto por la materia prima y por las tradiciones culinarias. Este plato, a menudo servido durante los domingos en familia o en ocasiones especiales, logra transmitir la pasión por la cocina veneciana, donde el gusto se expresa a través de la simplicidad y la calidad de los ingredientes. La polenta e osei, por lo tanto, no es solo un plato para degustar, sino una experiencia para compartir, que evoca los aromas de las cocinas de casa y los momentos de convivencia entre amigos y familiares.
* valores aproximados por porción
Con mucho cuidado, limpiar los pajaritos (hoy la ley prohíbe los de pico gentil), recortar el pico y las patitas, desplumarlos a la llama para quitar cualquier residuo, limpiarlos por dentro. Envolverlos con una delgada loncha de panceta, colocar a los dos lados una bonita hoja de salvia, que se fijará con un palillo. Colocar los pajaritos en una sartén bien engrasada con aceite añadiendo hojas de salvia a voluntad. Picar la panceta que haya sobrado y ponerla también en la sartén. Disponer los pajaritos en capas y dejarlos dorar lentamente: el tiempo de cocción varía según la especie de los pajaritos y su tamaño. Llevar con frecuencia a la superficie el condimento que se habrá formado en el fondo. Salar al gusto, y si es necesario, añadir al final de la cocción algunos copos de mantequilla, para aumentar el condimento que se verterá sobre la polenta hirviendo.