La temporada invernal en Cerdeña trae consigo un aroma de dulces tradicionales que se difunde en los hogares, creando una atmósfera cálida y acogedora. Las zippulas, típicas de esta región, son dulces fritos que se caracterizan por su consistencia ligera y crujiente por fuera, mientras que por dentro revelan una suavidad irresistible. Preparadas con ingredientes simples como harina, huevos y azúcar, estos dulces encierran en sí el sabor auténtico de la tradición sarda, enriquecidos con un toque de aguardiente y miel que realza su perfil aromático. Su origen se remonta a tiempos antiguos, cuando las familias se reunían para celebrar las festividades con platos que contaban un profundo vínculo con la tierra y sus recursos. En Cerdeña, las variantes de las zippulas pueden incluir diferentes especias o aromas, según las tradiciones locales, haciendo que cada preparación sea única. La técnica de cocción, que implica la fritura en aceite de oliva virgen extra o manteca, es fundamental para lograr ese dorado perfecto que hace que estas delicias sean tan apetitosas. Ideales para acompañar un almuerzo dominical o como postre para servir durante una cena entre amigos, las zippulas también se prestan a ser degustadas con un velo de miel o espolvoreadas con azúcar glas, creando un contraste delicioso con su crujiente. Estos dulces, aunque a menudo se preparan durante las festividades, son perfectos también para una merienda invernal, llevando un pedazo de Cerdeña a la mesa de quienes deseen saborear la dulzura de la tradición local.
* valores aproximados por porción
Hervir en una cacerola medio litro de agua, la mantequilla y una pizca de sal; cuando esté hirviendo, retirar del fuego y añadir toda la harina, mezclando con una espátula de madera, hasta obtener una bola de masa que se despegue de los bordes de la cacerola. Agregar los huevos, incorporándolos bien uno a uno. Tan pronto como la masa forme burbujas en la superficie, envolverla en un paño de cocina y dejar reposar durante aproximadamente tres cuartos de hora. Luego, en una sartén, unir abundante aceite y manteca, y freír la masa en bolitas del tamaño de nueces, que al freírse se inflarán. En el momento en que estén doradas, retirarlas de la sartén, dejarlas escurrir y, una vez frías, hacer una incisión en cada zippula para poner un poco de miel mezclada con grappa. Hay quienes, en cambio, las sumergen un momento enteras en el aguardiente en el que se ha disuelto la miel. Luego, espolvorear con azúcar y servir tibias.