En una tarde de invierno, cuando el aire es fresco y el deseo de dulces caseros se hace sentir, los Pitteddhe emergen como una delicia irresistible. Estos dulces típicos de la tradición pugliese se caracterizan por su consistencia suave y su sabor envolvente, gracias al uso de harina, levadura y aceite de oliva virgen extra, ingredientes simples pero de calidad que hablan de la genuinidad de la cocina regional. La preparación comienza con una masa estirada con cuidado, de la cual se obtienen discos que se rellenan con una cucharada de mostaza, preferiblemente preparada en casa, un toque que confiere a estos dulces un sabor único y personal. La técnica de pellizcar los bordes de los discos no es solo un gesto estético, sino que sirve para sellar el relleno, garantizando que cada bocado sea una sorpresa de dulzura y aromaticidad. Los Pitteddhe son un perfecto ejemplo de cómo la tradición culinaria pugliese logra transformar ingredientes simples en una experiencia gustativa extraordinaria. Aunque la receta puede variar de familia a familia, manteniendo viva la esencia de la tradición, se pueden encontrar diferentes variantes que incluyen rellenos de frutas secas o mermeladas, haciendo de cada preparación un momento de descubrimiento. Estos dulces son particularmente apreciados durante las festividades, pero son perfectos también para una tarde en compañía, acompañados de un buen café o un té caliente. Los Pitteddhe, con su historia y su sabor, logran llevar un poco de Puglia a cada mesa, regalando un momento de dulzura y compartir.
* valores aproximados por porción
Disponer sobre la mesa la harina en forma de volcán, añadir la levadura desmenuzada, la sal, un poco de aceite y el agua. Amasar todo y con un rodillo estirar una masa no muy fina, que se cortará en discos de aproximadamente 10 cm de diámetro. En el centro de cada disco colocar una cucharada de mostaza, preferiblemente hecha en casa, y con los dedos pellizcar el borde alrededor, de modo que se levante alrededor de la mostaza. Las pitteddhe deben ser horneadas, mejor si es en un horno de piedra, hasta que la masa se vuelva crujiente; en este punto se pueden conservar durante mucho tiempo en recipientes de barro esmaltados.