En los verdes prados de la campiña laziale, la naturaleza ofrece una rica variedad de verduras silvestres que solo esperan ser recolectadas. La misticanza, con su explosión de frescura, es un homenaje a esta abundancia, un plato simple pero lleno de sabores auténticos. Compuesta por achicoria de campo, crepis, caza-liebre y otras delicias, esta ensalada es el equilibrio perfecto entre lo amargo y lo dulce, realzada por un aderezo de aceite de oliva virgen extra, sal, pimienta y un toque de vinagre de vino blanco. Ideal como guarnición en los cálidos días de verano o como aperitivo para un almuerzo en familia, la misticanza se presta a acompañar platos de carne o pescado, brindando un toque de frescura y vitalidad. En cada bocado, se percibe el aroma de los campos laziales, una invitación a redescubrir la genuinidad de los ingredientes y la tradición culinaria de una tierra rica en historia y sabores.
* valores aproximados por porción
Misticanza (o mesticanza) es un término dialectal laziale que significa verdura mixta, aderezada con aceite, sal, pimienta y vinagre. La base está constituida por las verduras recolectadas en los verdes prados de la campiña laziale. Primero entre todas la cicoria de campo, luego el crespigno (o crespino o lechuga picante), el caccia-lepre, la cresta de gallo, el diente de león (o pisciacane o tarassico), la pimpinella, los raponzoli (o rapenzoli), la hierba noce (o hierba s. pietro), la cipiccia (lechuguita o radicchiello), la valerianella (dulzura), la papala (planta de amapola), el cordón del fraile, la oreja de asno, etc. Aún hoy la misticanza se encuentra con facilidad en las tiendecitas de verduras o, con un poco de experiencia, puede ser recolectada fácilmente en cualquier prado de la campiña romana o de los colli cimini. Para aderezarlas se utiliza el aderezo más simple que existe, es decir, el aceite de oliva, sal, pimienta y vinagre de vino, preparado con las debidas reglas y abundando un poco en el aceite de oliva. Junto a esta misticanza en las diversas tiendas de verduras encontramos más a menudo una misticanza hecha con frescas ensaladas de huerto, que tiene como base aromática una rughetta cultivada (eruca selvatica o rúcula) que según algunos es diferente de la silvestre (diplotaxis erucoides) a la que se añaden la lechuga ricciola, la carola, las puntarelle de catalogna, la endivia, el radicchio, la cicoria da taglio (o cicorione), la barba de fraile, los brotes de habas y así sucesivamente.