La polenta está indisolublemente ligada al destino de las poblaciones de montaña, especialmente las alpinas, teniendo en cuenta que durante siglos ha sido una parte importante de la dieta diaria de estas personas: generalmente preparada en una olla de cobre, cocinada tradicionalmente en la chimenea, la polenta requiere tiempos de cocción bastante largos y, sobre todo, hay que mezclarlo constantemente -pero con especial ligereza- para que no se pegue al fondo y mantenga una consistencia no excesiva. Aunque es famosa sobre todo por obtenerse del maíz, distinguiéndose por su color amarillo, la polenta también existe en versión blanca y negra.