El zumo de tomate es una auténtica panacea y un concentrado de sabor: para elaborarlo se suelen utilizar tomates bien maduros, a los que se añade zumo de limón, sal y pimienta, que también se puede combinar con guindilla si es necesario. El jugo de tomate, gracias al alto contenido en licopeno, es perfecto no sólo para beber por quienes realizan actividad física habitual, sino que también es ideal para prevenir enfermedades como la osteoporosis. En muchos casos, el zumo de tomate se utiliza para preparar aperitivos más bien ligeros, así como para la elaboración de cócteles como el bloody mary.